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jueves, 5 de junio de 2014

De largo, sin volantes ni peineta

Si hay algo que se le puede reprochar a Mozah de Qatar es que, en ocasiones, se aprieta un poco demasiado, pero, por lo demás, es una lección viviente de clase y buen gusto. Tapada hasta los pies, con manga larga y un turbante, podría decirse que resultar femenina es una misión imposible, pues bien, nada más lejos del armario de la jequesa.

Jugar con modistos de la talla de Giambatista Valli, Valentino, Dior, Chanel y demás cuadrilla, da un poco de ventaja, lo admito. Pero, si miran ustedes bien, no hay nada que no pueda inspirar a una madrina que quiera ir de largo.


Hoy emprendo una nueva cruzada en mi guerra personal en defensa de las bodas chic. Ni volantes ni peineta. A la horca con los plisados de organza, las mangas de encaje, los micro-volantes, las toreritas de mikado y los chales de gasa con ese gesto horribilus de las manos cruzadas a la altura del pecho para sostenerlo a la altura de los codos. Sudores fríos... Si se le casa a usted un hijo o una hija, celébrelo, no se disfrace. 

Ahórrese la tortura de probarse los vestidos de gasa color verde agua con cuerpo drapeado y pedrería en la cadera. Si la modelo de la foto mide 2,5 metros, tiene una talla 34 y parece una vieja revieja, imagínense lo que podemos parecer ustedes y yo...


Si su ideal de outfit de madre de contrayente es Carmen Romero, deje de leer este post de inmediato. Puede provocarle daños irreparables en la parte pereza de muerte de su cerebro y lo mismo se viene arriba y comienza a ver a la filipina del Hola! un tanto rancia... Irreversible, se lo advierto.

No tiene 20 años ni una talla 36, no lleva escotes de infarto ni espaldas de vértigo y, sin embargo, consigue ser el centro de todas las miradas allá donde va. Tiene unas caderas al más puro estilo Kardashian y una altura de lo menos discreta. El 99% de las mujeres verían en todo eso un problema mientras ella le saca chispas. 


Es la versión madura de Maxima de Holanda, la versión sofisticada. Si hace un par de meses les comunicaba mi intención de cambiar de reina, hoy les confieso que me planteo firmemente la opción de llevar turbante si así consigo ser la mitad de chic que esta mujer. Amén de que me evitaría el drama de la plancha mañanera...


Pues eso. La pera pirulera. Sin más. 

miércoles, 4 de junio de 2014

Caperucita, Hulk Hogan y Batman

Gwyneth Paltrow nos puso en la senda del estilo con su memorable capa blanca en la entrega de los Oscar de 2013. Carlota de Mónaco la lució en versión vaporosa en tonos agua al más puro estilo Grace Kelly y Tatiana Santo Domingo se encargó de destrozarle la elegancia con su caperuza de alta costura en versión nupcial. Las capas están de moda, pero no todas son iguales. 

Que se llame capa no es garantía de éxito, sino vean ustedes a Batman, Superman y demás músculos voladores, a Caperucita, a los Reyes Magos, a los luchadores de Wrestling o al mismísimo Ramón García dando las campanadas. Tengo el presentimiento de que ninguno de estos iconos fashionistas son la referencia que les gustaría seguir a ustedes. Me equivoco?


En versión corta tiene el peligro de hacer las funciones de comodín de quita y pon para cubrir el palabra de honor en Iglesias y demás sitios impropios para ese escote-engendro de la moda. Así, sin paños calientes. Ni hablar de la delicada micro-capa como solución a las miradas desaprobadoras de suegras, tías, abuelas y demás juventudes que enfilan a su nieta hacia los infiernos por enseñar más pechuga de la decorosamente permitida. 

Si la idea es quitársela, acaba usted de colocar la estilosa capa en la misma balda que el bolerito de mutón o la chaquetilla de encaje. Horror, pavor y dolor. Si se pone no se quita.


Si resulta que la capa es larga, la asimilaremos como un abrigo que no abriga, pero que queda divino. Esas cosas absurdamente ideales que tiene la moda... En ese caso el banquete será el momento ideal para lucir el resto del vestido (que, prométanmelo, no es palabra de honor). No sé muy bien por qué me vienen a la mente escenas de Game of Thrones...

La silueta muy marcada y un tejido vaporoso. Suficiente para estar increíble. Novias de otoño- invierno 2014, apunten. 


Personalmente me decanto por el raso finísimo, el georgette mate o el crepe con caída, aunque debo reconocer que la dosis justa de encaje le da un toque romántico-chic nada desdeñable. Eso sí, si ilustramos la capa con florituras variadas, nada de venirse arriba con el vestido: sencillito, please. Lo de la capucha, directamente nos lo saltamos.

No todas las novias se casan en verano, y no todas las novias que no se casan en verano quieren llevar mangas. Ahora tendremos que ver si las capas son una moda o si, realmente, son una opción elegante.


Lo dejo a su criterio una vez más. Yo me apunto. Voy a tener que valorar la opción de recasarme para lucir así de sofisticada. 

miércoles, 28 de mayo de 2014

My big black skirt

Las revistas de canto gordo llevan años dedicando un par de páginas en cada número a los LBD (little black dress, que parece mentira que a estas alturas todavía haya que explicarlo, o sea). Así que mi deducción es que, o andan cortas de imaginación, o les está costando mucho convencer a la población femenina de que enseñen piel con un vestidito negro, y por eso insisten hasta la saciedad. Cansinas, que sois un poco cansinas...

Se supone que la prenda en cuestión les saca a ustedes de apuros (es el McGiver de los vestidos, vale para todo) se puede combinar fácilmente con cualquier color y prenda de encima: blazers, chaquetas de punto, cazadoras vaqueras... (lo que les decía, un LBD, un chicle, un palo de Chupa-Chups y pueden ustedes ir a recoger el Oscar). No hay cena navideña de empresa en la que no se vean unos cuantos. Pura innovación.


No seré yo quien niegue que el tema funciona (que una es crítica, pero no idiota) pero les prometo que si optan por algo así, a outfit aburrido no les va a ganar nadie. Bien es cierto que el negro estiliza, es elegante y sobrio... Así que por qué no aprovecharlo de otra forma? 

A estas alturas de mayo sólo media docena de afortunadas tienen un tono de piel legalizado como para lucir sin mangas o sin medias, y, por otra parte, a ver quién es la graciosa que con días de 25 grados y sol radiante se enfunda unas medias... Solución: una falda larga y negra. Tachán. 


Aceptamos volumen, plisado, cuero, crepe... Lo que se les antoje. El acierto es seguro. Con tacones y una camisa (blanca!) perfectas para ir a trabajar o para un evento, y con sandalias planas y algo en algodón o punto por arriba, estupendas para el fin de semana...

Sólo les pido un favor de nada, que la falda de marras llegue hasta el suelo. Las faldas al tobillo son poco favorecedoras, acortan la pierna y no creo que eso sea algo deseable en ningún caso. Si les sobra pierna, aquí aceptamos donaciones. 

Corrijo, les pido dos favores, el segundo que marquen bien la cintura. El oversize debe morir cuanto antes.


Reutilizable en otoño con jerseyes de punto, es una buena opción hasta que las piernas puedan asomar dignamente sin reflejar la luz del sol.

El tema de las maxi gafas de sol es opcional, pero reconozco que le da al tema un rollito más casual... 


No pueden quejarse, hoy también les doy una idea fácil y sencilla. Muy Bricomanía. Pidan por esa boquita y díganme si quieren un post sobre algo en concreto, que una es creativa, pero agradece la inspiración ajena...

viernes, 23 de mayo de 2014

Bye bye Dukan

No se asusten. No es que me haya dado la venada healthy ahora que el bikini empieza a asomarse con cara de "voy a sacar lo peor de ti" y vaya a hablarles a ustedes sobre hacer dietas tan absurdas como la de la alcachofa, la de los helados, la de los tés... O la de comer a la pata coja, guiñando un ojo y cantando Mi carro mientras engullen desesperadamente un batido de siete frutas que hace un mes no sabían que existían. No va por ahí el tema. No se pongan nerviosas.

No me extraña que a veces nos traten como si fuéramos idiotas. Es que a veces nos esforzamos tanto en parecerlo... "Y tú qué dieta haces? Yo? La superprotéica. Pues yo la macrobiótica. Uf! Ahora la que lo está petando es la hiperhistérica..."


Tengo la firme teoría de que las dietas de los endocrinos/dietistas/magos funcionan, no tanto por la combinación magistral de alimentos, sino por la vergüenza torera de subirse a la báscula delante de una señora con bata blanca que nos agarra el michelín con una llave inglesa de diseño y que nos mira con desprecio si no hemos bajado ni un gramo (amén de esos médicos perversos y sádicos que te pintan las zonas rebeldes con rotu negro gordo de los de precio de frutería...). Ese momento es traumático para cualquiera.

Si es usted de las que a estas alturas de la temporada van con el termo lleno de un líquido verdusco pegado a la mano y no comen más que barritas de ésas que se supone que saben a chocolate/fresa/vainilla pero que en realidad son como darle un mordisco a las Páginas Amarillas, claramente, éste no es su post.


Les diré que después de dos hijos y pasados los 30 esto ya no es lo que era, no les voy a engañar. Pero también las digo que no pienso desintoxicarme de mi adicción al McDonalds, que voy a seguir comiendo un balde de palomitas cada vez que consiga ir al cine, que no voy a dejar a un lado del plato la nata que adorna los postres y que voy a seguir comiendo gominolas hasta que me hagan clienta VIP de Happy Pills. Vivir sin eso no merece la pena.

Si todo eso hace que me crezca el pandero y que las cartucheras ocupen nuevos espacios, no es problema. Me paso a las faldas con volumen. Eso sí que es un milagro. Afinan la cintura y esconden lo menos perfecto de nosotras mismas, a la vez que resultan implacablemente femeninas. Tiembla Dukan...


La versión vestido con falda voluminosa ya está un poco manida (aunque funciona maravillosamente... Me lo imagino en piqué...) y puede resultarles un tanto formal, así que les propongo una combinación con camisas. Utilicen las faldas como si de unos jeans se tratara. Eso sí, no me sean sosas y apuesten por un estampado alegre. Imprescindibles bolsillos.

Sobre la largura... Como siempre, depende. Por encima de la rodilla con zapato plano, y por debajo con tacón. Más trucos: si tiene usted mucho pecho evite la cinturilla ancha. Abracadabra, acabo de quitarles le mal rato de tener que ponerse a dieta.


No les engaño, cuando se quiten la falda, el enemigo seguirá estando ahí. Mirándoles y sonriendo de medio lado... Pero ustedes ya habrán vencido el día estando divinas. Quién gana entonces?

viernes, 16 de mayo de 2014

Milagros y otras maravillas

A veces se me escapa una sonrisa sin poder evitarlo cuando alguna de mis clientas se sienta, me mira, y seriamente me pide imposibles tales como "un vestido para ir a una boda impecable, pero que luego pueda ponerme en cualquier momento", que es la versión polite de "un lo que sea que pueda amortizar, porque tengo el armario hasta la bandera de vestidos de usar y guardar". 

Una aparición mariana es más factible que el hecho de conciliar un outfit para la entrega de los Oscar y para hacer la compra en el Carrefour, pero no es del todo imposible.


En este tipo de retos es donde cuadran como nada las blusas maravillosas. No pongan los ojos en blanco, que no voy a volver a hablares de las camisas blancas...

De organza, de satén, de gasa, o de casi cualquier otra cosa, las blusas son capaces de sacarnos de un apuro muchas veces. Hágase con un un buen pantalón (de pinzas, palazzo... Da igual) y plántele una camisa con gracia (si no tiene, don't worry, ya se la hago yo), tacones infinitos y ya está usted lista para la boda/bautizo/comunión/inauguración/evento de turno. Me dirán que lo ha puesto difícil!

Eso sí, teniendo en cuenta que la camisa será absolutamente ideal, le entrarán a usted unas ganas incontenibles de ponérsela más a menudo, por lo que hágase también con unos vaqueros de los buenos y unas parisinas combinables. Las más chic del terraceo.


No me diga que no le está apeteciendo... Una blusa en crepe de seda con un poco de manga y una lazada en un hombro... Una de satén con mucha caída y unos volantes en las mangas... Una muy larga en estampado de pañuelo... 

Personalmente, me las pido todas, que la primavera por aquí es muy larga... y los domingos de paseo una se encuentra con mucha enemiga de la infancia y esto es una fórmula infalible para un rechinar de dientes. Mala yo?


En seda o con un punto de mezcla para poder lavar en casa, este año es el año de las blusas en el Atelier. Y no porque lo haya decidido la que escribe, sino porque lo han pedido ustedes, que, al final, son las que deciden lo que se ve en la calle y lo que acaba por ponerse de moda realmente. Y me parece tan buena idea, que me uno a la causa camisera.

Si me preguntan un color, siempre les diré que blanca, pero reconozco que un buen amarillo o un azul marino pueden convencerme fácilmente.


Piénsenlo, es una pena volver a comprar el enésimo vestido que jamás volverá usted a ponerse.

lunes, 12 de mayo de 2014

Soy fan

Hace unos días compré en el aeropuerto el Hola! Alta Costura. Una malísima decisión, por cierto. Cargar todo el día con un kg de haute couture al hombro no es nada recomendable para la espalda... Amén de que todo el mundo mira raro cuando empiezo a hacer anotaciones en los márgenes o saco fotos con el móvil...

Si a eso le suman ustedes una cuadrilla de unos 15 ingleses vestidos de tenistas de los años 70 (pero muy bien caracterizados, eh? Nada de pelucas rubias y tutús de bailarina...), media docena de bostezos por minuto y un café americano, ya tienen mi viernes por la mañana.


Con respecto al contenido de le revista en cuestión, pues verán, un poco desilusionante. Se supone que la alta costura es el lujo llevado a su máximo exponente, la exquisitez más absoluta... Y tuve que rebuscar entre las páginas para no encontrar más de diez hojas que merecieran la pena...

Sólo me quedo con dos colecciones, la de Giambatista Valli y la de Stephane Rolland. Vamos, que podían haber hecho un suplemento de diez páginas tipo Muebles el Paraíso en lugar del listín telefónico y habría sido igual de provechoso.


Lo que les enseño hoy es un resumen de por qué adoro a Stephane Rolland. Dicen de él que es el arquitecto de la alta costura, puede que sea eso...

O puede que sea por la sencillez de sus líneas, su gusto monocromático y la predilección por el volumen exagerado.


Adoro la idea de las siluetas sencillas con un sólo elemento impresionante, ni encajes, ni drapeados, ni pequeños aderezos absolutamente prescindibles. Si el colega decide poner un lazo, lo hace XXL. Si es un péplum, es absolutamente exagerado y si se decanta por la pedrería, lo hace en versión roca de río. Lo dicho, me tiene absolutamente enamorada.

Y es que para hacer este despliegue de sencillez no opta por siluetas anodinas, sino que realza las curvas y la feminidad. Que con tanto Calvin Klein, Jil Sander y compañía, parece que se nos estaba olvidando que la mujer tiene un cuerpo para lucirlo!


Que me pongan uno de cada porque no soy capaz de decidirme. 

Encontrar maravillas como estas después de ver los modelos homeless de Valentino de mis amores, los  vestiditos Star Trek de Donatella, o los trajes modo pereza de Armani, es un gustazo muy esperanzador.


Ojalá los diseñadores empiecen de nuevo a fijarse en la mujer para crear. Ojalá todos tuvieran un Hola! Alta Costura para darse cuenta de lo que están haciendo...

miércoles, 7 de mayo de 2014

Las bufandas de Giovanna

Primero fue modelo, después musa y por último estilista: uña y carne con Anna dello Russo (aunque no estoy segura de si esto último es bueno o malo...). Se llama Giovanna Battaglia, no es ningún bellezón y nunca he oído su voz, pero me rechifla su estilo.

Me dirán ustedes que vistiendo de Prada y Valentino, todas podríamos estar divinas, y no les voy a quitar razón, pero también les diré que el chic de esta mujer se puede copiar sin tener que atracar ninguna sucursal bancaria.


Si hay una cosa que me llama poderosamente la atención de la forma de vestir de esta trendsetter (cómo me gusta decir palabras que no significan nada pero que suenan cool de la muerte...) son sus bufandas. Inmensas y de colores llamativos. La pera pirulera.

Podrá ponerse un vestido de organza semitransparente y con escote (horror) palabra de honor, pero la colega se planta una bufanda bien enroscada en el cuello para no coger frío con el trasiego del front row de Dior (que tanta modelo para adelante y para atrás tiene que hacer corriente...) y el resultado es, como poco, especial.


Algo tan tonto como un pantalón y un jersey se convierte en un outfit espectacular si le añaden ustedes una bufanda cargadita de flores. 

Además, no hace falta que le hable de las bondades de una bufanda XL en estas épocas del año en las que lo mismo hay que combinar el bikini con las katiuskas, que la gabardina con las chancletas de río.


El tema de la bufanda de la señorita italiana tiene manual de uso. Olvídense de doblar la bufanda por la mitad rodeando el cuello. Ahora tienen ustedes que darle vueltas alrededor a lo tribu africana. Que quede como un cruce entre las mujeres jirafa y un collarín de ortopedia. 

Para que luego me digan que les propongo cosas difíciles. Lo de hoy es para fashionistas en modo becario.


Ahora en serio y sin ironías, no creo que haya muchas formas tan fáciles de hacer un look casual tan sofisticado. Apunten la técnica para estos días de sol y frío, me lo van a agradecer!

miércoles, 23 de abril de 2014

Un must inesperado

No soy yo mujer de encaje. Lo admito. Y de guipour mucho menos. Pero está claro que esta temporada el universo de la moda se ha propuesto destruir mi estabilidad fashionista, reventar mis principios de estilo y darme en el morro con todas aquellas cosas que nunca habrían entrado en mi armario de forma natural y espontánea.

Está claro que estoy pasando por una segunda pubertad en la que me he entregado a los amores imposibles. Ahora mismo estoy en la fase de dejarme conquistar por las faldas lápiz de guipour. (Si este blog fuera trendy de verdad tendría que llamarlas pencil lace skirts, osea).


A lo que estamos. Como en todo, una vez más, el enamoramiento depende de varios factores. Si todas ustedes tienen un decálogo de requisitos del hombre perfecto, de la casa perfecta, del trabajo perfecto y hasta del billetero perfecto, la falda en cuestión no iba a ser menos. No son tantos como 10, pero son varios.

Para empezar, el tejido. Evitar a toda costa calidades mediocres. Señoras, se nota. Y mucho. Hay cosas que no pueden comprarse por 29,90.


La largura. Por debajo de la rodilla. No ignoren este punto, es crucial porque ahora es cuando les digo que para eso necesitan ustedes tacón alto y empiezan a odiarme. Está bien; háganlo. Ódienme. Pero, por favor, nunca se pongan una falda por debajo de la rodilla con medio tacón. Se lo ruego. Lo especial de este must de primavera es tanto el tejido como la longitud, recuérdenlo!

El forro. Algo más corto que la falda en sí y del mismo tono. Vamos a darle un poco de gracia al asunto... Y de paso acortamos visualmente la largura.


El remate del bajo. Con las ondas propias del guipour. Este es otro de los motivos por los que el tejido debe ser uno en condiciones. Nada de coser el bajo como si fuera una falda low-cost. Estamos a lo que estamos.

La forma. Pegada en la cadera y estrecha a la altura de las rodillas. Sin pinzas. No les voy a engañar. No es cómoda.


Y por último, la combinación. La gracia de la falda de guipour es combinarla como si fuera una falda cualquiera. No se trata de vestirse como si fueran ustedes a una boda en lugar de a la oficina. Recuerden que no hay nada que una buena camisa blanca no levante con soltura!

Se animan?

Imágenes vía Pinterest

martes, 22 de abril de 2014

Que yo dije qué???

Si me dieran un euro por cada vez que he tenido que tragarme las palabras... Ahora mismo escribiría este post desde mi hamaca con colchoneta de 20cm de grosor, junto a mi piscina de diseño con vistas a alguna bahía de portada de catálogo de agencia de viajes, viendo a lo lejos mi yate de chopecientos metros de eslora atracado en mi propio pantalán y con una piña colada repleta de sombrillitas de colores. Así. Sin más.

Hace poco hablaba de los zapatos blancos y de cómo habían evolucionado de horror poligonero a must fashionista, pero es que como ese ejemplo podría contarles miles. Qué me dicen de los pantalones campana? De los jerseys sin mangas? De las uñas azules? Y no todo es moda, señoras... Que yo juré que eso del kebab era una guarrería y no pasan quince días sin meterme uno entre pecho y espalda, a pesar del inevitable churrete de salsa en la camisa.


Pues una vez más miro al cielo, silbo y me hago la loca intentando que ustedes se olviden de todas esas veces en las que afirmé que en Sophie et voilà! no se hacen volantes. 

Ahora en serio, hay honrosísimas excepciones que son dignas de alabanza incluso en el tema de las ondas aflamencadas. Rectifico el rumbo y rindo pleitesía a los diseños de Valentino y Giambatista Valli, pero sigo firme en lo que a capas de volantes de gasa se refiere. Horror-pavor y de ahí no me apeo.


El secreto de estos vuelos que les muestro hoy está en su dimensión XL así como en su lugar de residencia. Un péplum gigante desde la cintura, una espalda sofisticada y bicolor, un remate brillante para una minifalda o un acabado voluminoso para una trasera. Volantes, sí, pero de otra manera, que en breve empieza la Feria y es muy fácil venirse arriba y hacerse un lío.


Son muchos los post que termino animándoles a ustedes a llevar su propia moda, a plantarse lo que más les guste sin importar la mirada reprobadora de la vecina rancia en el ascensor, a no dejarse intimidar por unas compañeras de trabajo que siempre llevan traje azul marino... A pasar olímpicamente de blogueras chachis que escriben como si tuvieran la única edición del libro del estilo absoluto en la mesilla. 


Dicen que rectificar es de sabios, no diría yo tanto, lo que me va quedando cada vez más clarito es eso de no digas de este agua no beberé, ni este cura no es mi padre...

Imágenes vía Pinterest

jueves, 10 de abril de 2014

Cuarto y mitad de carne

Es lo que se me pasa por la cabeza cuando veo algunas invitadas. Las espaldas descubiertas, los volantes de flores y las gasas, todo mezclado en un mismo vestido, no suele acabar en nada bueno. Y si para colmo de atentado fashionista, el vestido es minifaldero, siéntense en un banco a ver pasar el espectáculo porque seguro que no defrauda.

Desde aquí quiero hacer un aviso importante a las fábricas de tirantes transparentes: tengo superpoderes. Yo los veo. Lo mismo le pasa a alguien más...


Hecha la notificación, hoy les quiero hablar de la proporción entre lo que se enseña y lo que no. Concretamente de las espaldas de las invitadas. Y es que una espalda bien elegida resulta sexy y chic a partes iguales, pero, como siempre, no vale cualquier espalda en cualquier vestido. Que hay quien se hace un lío y enseña más de o recomendable...

Entrando a machete sin anestesia ni nada... Si el vestido es corto, ni hablar de espalda abierta hasta la cintura. Si enseñamos pierna, ya vale. No es necesario vender más. Gracias. Me dan escalofríos sólo de imaginarme las medias de verano contrastando con el color de piel de la espalda...


Así que las espaldas descubiertas, como mejor lucen es con vestidos largos que configuran una proporción mucho más adecuada. No se preocupen por complicaciones con la ropa íntima, que está todo inventado y, sino, se inventa.

A veces no es necesario abrir completamente la espalda y una abertura en forma de lágrima, una transparencia, es más que suficiente para conseguir el efecto del que les hablo.


Lo mismo me acusan de querer taparlas, pero, si tengo que elegir, me quedo con las espaldas abiertísimas y con manga larga. Un sinsentido en toda regla... Pero elegante como pocas cosas. Nadie dijo que eso fuera fácil... Ni lógico. 

El tejido, mejor con caída, tipo crepe de seda... Una espalda al aire con una falda con volumen tiene un poco más de peligro (sobre todo es susceptible de miradas asesinas por parte de una novia que piensa que ha querido usted estar más guapa que ella...).


Desde este post les animo a ir de largo no solo en bodas, les animo a lucir espalda una noche especial... A ponerse lo que les guste cuando les dé la real gana. Hoy me he levantado criticona y reivindicativa, me siguen?

Imágenes vía Pinterest

martes, 1 de abril de 2014

Me puedo cambiar de reina?

Me van a disculpar, pero es que me gusta más la que tienen los holandeses. Me chifla la idea de tener una reina de la talla 42. Una reina que sonríe y que siempre está perfecta. Que lo mismo viste de Gucci, que de algún diseñador nacional al que le hace el favor de ponerse uno de sus trajes para darle un empujoncito.

Y no me vengan ahora con que eso de tener una reina fashion es muy caro, que el armario de esta señora se llena con mucho menos que la última factura de seguridad que pagaron ustedes para proteger la famosa rampa de alguna isla balear, y, a mí, personalmente, me hace mucho más feliz ver estas imágenes que las de los paseíllos mediáticos.


Me importa entre poco y nada que repita modelito. Sin embargo, pensándolo un poco, creo que me desilusiona ver que las royals de casa usan el mismo vestido para varios actos. 

Vamos a ver, si ustedes (y la que escribe) no llevan el mismo traje a dos bodas ni bajo amenaza de muerte, a estas señoras se les debería exigir un poquito de lo mismo... Que no nos importa lo que hace el laboratorio experimental universitario que está inaugurando con el ramo de flores en la mano... Lo que queremos es ver el vestido!!


No me digan que no va siempre ideal... Admito que algunas veces me derrapa, le patina la neurona y se viene arriba con algún palabra de honor que me chirría un poco bastante... Pero, en general, el vestidor de esta mujer me resulta muy inspirador,y lo del joyero, ya, no digamos... Si hay algo que no suele faltarle es un broche de esos que no te dejan mirar a otro sitio...


Si tuviera que sacar algún denominador común a todos sus looks maravillosos, sería bastante fácil. Siempre busca el volumen en un sólo punto. Bien en unas mangas acampanadas, en un peplum, o en un hombro, y el resto del vestido, bien sencillo.

Nunca va de negro, a excepción de aquellos actos que se lo requieran (ojalá leyera esto nuestra Doña!). Elige colores fuertes pero huye de las modas. Normalmente prefiere looks monocromáticos, pero si combina, lo hace mezclando un color fuerte y otro neutro como el beige o el marfil.


Encuentro poquísimos estampados en sus outfits oficiales, por no decir que casi ninguno. Comparte algún modisto con Matilde de Bélgica, pero obtienen muy distintos resultados... La pobre Mati siempre se raja a la hora de la verdad y se queda más cerca de la que iba para monja que del éxito en lo que a monárquicos estilismos se refiere.


Lo de los tocados y sombreros merece un post aparte... Ya saben ustedes que son mi debilidad y el romance que esta mujer tiene con ellos me trae loca.

Si hace unas semanas decidía irme a vivir a un país imaginario, hoy rectifico y me quedo un poco más cerca rindiendo culto a mi nueva soberana.

PD Madres y madrinas del mundo, apunten.

viernes, 28 de marzo de 2014

Otra? Sí, otra

Cada vez que inicio una ruta de shopping me lo repito unas seiscientas veces "no voy a comprarme otra camisa blanca, no voy a comprarme otra camisa blanca..." pero es en vano. Siempre acabo con una nueva de camino a casa. Y para colmo del recochineo, suele ser la mejor compra.

Y es que las camisas blancas son el comodín que siempre funciona. Da igual el estilo, la edad o el presupuesto. Una camisa blanca es lo más parecido al maná del estilismo. 


Las blusas blancas son el comodín por excelencia de las fashion más fashion del mundo-mundial. Lo mismo se las plantan con vaqueros des esos que parecen que han arrastrado debajo de las ruedas de un tanque, que con una falda de organza con bien de volantes... Vamos, que lo mismo nos valen para ir al Eroski a por yogures, que para recoger un premio y leer un agradecimiento de página y media.


Que las camisas sean la prenda de vestir más básica del armario no significa que no tenga manual de uso. Para empezar, nada de camisa elásticas de esas que revientan los botones por delante. Sorry. La que tenga aspiraciones de stripper se ha equivocado de blog.


Siempre deben tener un aire masculino, ser sueltas y llevarse bien remangaditas. Mejor soltar un botón de más que apretarlas hasta que éste reviente solito. Insisto.

Que nos pongamos una camisa así no significa que haya que disfrazarse de hombre, la chispa está en el contraste. Llenarse de collares, o combinar con una falda tubo es suficiente para conseguir ese look.


Y lo bueno de la camisa blanca es que con vaqueros tobilleros y unas bailarinas también estamos de atar. Para que no piensen que siempre quiero subirles a ustedes al andamio de unos tacones infinitos... Unas gafas XXXL y un bolso de la misma proporción y ya están ustedes listas para ir de compras por la milla de oro de turno.

Todo el mundo debería tener una prenda comodín. Hay quien elige unos vaqueros o una bufanda azul marina; yo me pido la camisa blanca. Sí, otra camisa blanca.

Imágenes vía Pinterest